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PRINCIPIOS
GENERALES
Nosotros nos vemos integrados en un mundo unitario
que nos rodea, que evoluciona según la ley natural. En las palabras más
simples: Sólo hay una realidad, que llamamos Naturaleza: no “mi realidad” y “tu
realidad”, como afirman los subjetivistas y tampoco los reinos separados de lo
espiritual y lo físico, como dicen los supernaturalistas. Somos parte de la
Naturaleza y estamos sujetos a las leyes de la Naturaleza. Dentro del ámbito de
estas leyes, podemos determinar nuestro propio destino. Si erramos en nuestros
esfuerzos no hay alguien que nos proteja de las consecuencias de nuestra
necedad o nuestra debilidad. En otras palabras, nosotros mismos somos
responsables de todo sobre lo que tenemos poder de elección: en particular, del
estado de nuestro entorno y del destino de nuestra raza.
Esta visión contrasta con la visión semítica, que
separa al hombre del resto del mundo y postula la existencia de un ser divino,
pero sin embargo con apariencia humana, que gobierna al hombre y al mundo con
una ley sobrenatural. Los que mantienen esa visión se absuelven de la
responsabilidad de su destino. Cuando se enfrentan con una consecuencia
indeseada de unos hechos dicen, “Es el deseo de Dios (o Yahvé o Allah).” Creen
que no es necesario que los hombres se preocupen del futuro más allá de planear
sus propias necesidades, porque su dios tiene todo bajo control.
Durante el tiempo en que Europa estuvo más
fuertemente bajo la influencia de la ideología semítica (e incluso hoy en
algunos países bajo gobierno islámico, así como entre algunas sectas
fundamentalistas judías y cristianas en América y otros lugares), era
considerado impío que un hombre infringiera las prerrogativas de la deidad:
específicamente, intentar comprender o influenciar los fenómenos de la
Naturaleza, o cambiar las venerables instituciones sociales.
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Nuestro mundo es jerárquico. Cada uno de nosotros
es miembro de la raza Aria (o Europea), que, como las otras razas, desarrolló
sus características especiales a lo largo de miles de años durante los cuales
la selección natural no sólo la adaptó a su entorno, sino que también la avanzó
por su camino evolutivo. Aquellas razas que evolucionaron en el entorno más
exigente del norte, donde sobrevivir un invierno requería planificación y
autodisciplina, avanzaron más rápidamente en el desarrollo de facultades
mentales más altas –incluyendo las habilidades de conceptuar, de resolver
problemas, de planificar para el futuro, y de posponer gratificaciones- que aquellas
que permanecieron en el relativamente invariable clima de los trópicos.
Consecuentemente, las razas varían hoy en sus capacidades de construir y de
mantener una sociedad civilizada y, más generalmente, en sus habilidades de
echar una mano consciente a la Naturaleza en la tarea de la evolución.
Además, así como las razas deben ser ordenadas de
acuerdo a sus niveles de desarrollo, también deben los individuos dentro de una
raza ser ordenados. Algunos son capaces de comprender el mundo que les rodea
mejor que otros; algunos son más creativos; algunos tienen mejor autodisciplina
o un deseo más fuerte; algunos tienen un sentido de la responsabilidad más
desarrollado. En una sociedad bien ordenada estas diferencias se verán
reflejadas en diferentes grados de influencia o control sobre el curso de la
sociedad que se ejerce por los distintos miembros de la sociedad, de acuerdo
con sus diferentes cualidades individuales.
Contrastando con nuestra visión está aquella de los
igualitaristas, que creen que las diferencias de nivel de civilización de las
diferentes razas y las diferencias de posición social de los individuos en
nuestra sociedad son puramente circunstanciales y pueden ser cambiadas
fácilmente cambiando las circunstancias: por ejemplo, el nivel de civilización
en el África negra puede ser igualado al nivel europeo y mantenido ahí
suministrando ayuda económica y técnica para compensar “injusticias” pasadas,
como el colonialismo; y cualquier individuo puede estar en una posición de la
sociedad si se le dan ciertas “ventajas”, como buenas escuelas y buen entorno
familiar. Diferencias de logros, nivel de vida, y grado de influencia, entre
las razas y entre los individuos, son, por lo tanto, no naturales e injustas y
deben ser eliminadas, de acuerdo con los igualitaristas.
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Como individuos conscientes de nuestra propia naturaleza y de nuestra relación con el resto del mundo, tenemos una inevitable
jerarquía de obligaciones o responsabilidades.
Primero, tenemos una obligación con la Naturaleza,
con la que tenemos que participar tan efectivamente como podamos en su eterna
búsqueda de mayores niveles de desarrollo, formas de vida mejores.
Esta obligación ha sido reconocida y expresada por
nuestros poetas y filósofos a lo largo de nuestra historia. Friedrich Nietzsche
nos dijo que nuestra primera responsabilidad es ayudar a preparar al mundo para
la venida de un tipo de hombre mejor. George Bernard Shaw escribió que estamos
obligados a servir a la Fuerza de la Vida en su esfuerzo de conocerse a sí
misma totalmente: es decir, alcanzar mayores niveles de conciencia.
Segundo, tenemos una obligación con nuestra raza
como agente colectivo de progreso. La Naturaleza ha refinado y pulido las
cualidades especiales encarnadas en la raza aria de modo que pudiéramos
desempeñar mejor la misión que tenemos encomendada. Incluso aunque la
Naturaleza ha desarrollado también otras formas de vida, incluyendo a otras
razas humanas, nosotros tenemos una obligación especial hacia nuestra propia
raza: asegurar su supervivencia, salvaguardar sus características únicas,
mejorar su calidad.
Tercero, tenemos una obligación con aquellos
miembros de nuestra raza que son los más conscientes de sus propias
obligaciones y los más activos en alcanzarlas. Así, hay un lazo de camaradería entre nosotros y aquellos que también
están trabajando por la misma causa.
Finalmente, tenemos una responsabilidad con
nosotros mismos de ser los mejores y más fuertes individuos que podamos.
Nuestra aceptación de esta jerarquía de responsabilidades
contrasta con la actitud de los individualistas, que no reconocen una
responsabilidad hacia nadie que no sean ellos mismos; y también contrasta con
la actitud de los humanistas, que evitan su responsabilidad racial.
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Resumimos en la siguiente declaración
la ideología bosquejada anteriormente:
Nos vemos como parte de la Naturaleza, sujetos a las leyes de la
Naturaleza. Reconocemos las desigualdades que nacen como consecuencias
naturales del proceso evolutivo y que son esenciales del progreso en todas las
esferas de la vida. Aceptamos nuestras responsabilidades como hombres y mujeres
arios de luchar por el avance de nuestra raza al servicio de la Vida, y de ser
los más capacitados instrumentos que podamos ser para ese propósito.
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